Estos párrafos marcan historia (El País):
"Ahora espero superar a don Alfredo"
Raúl se muestra orgulloso de haberse puesto a la altura del mítico delantero madridista.
Raúl ya debía de andar pensando en nuevos retos para trasladar a sus asientos contables cuando se duchó en Los Pajaritos. Pero se duchó feliz. Esa felicidad se trasladó a su rostro. Algo inusual en un hombre introvertido como él, reacio a exhibir sus sentimientos en público. Al salir del vestuario, parecía el ganador del cuponazo de la ONCE. Acababa de meter su gol número 307 con la camiseta del Madrid y eso le empareja a Di Stéfano, que marcó los mismos goles y fue durante 40 años el máximo artillero del club. Hoy, el trono es compartido. Será por poco tiempo. Raúl confesó que va a por el gol 308. Como dijo al salir del campo: "Ahora espero superar a don Alfredo".
Probablemente nunca hubo un jugador que metiera más goles de rechace en la historia del fútbol. Este tipo de tantos suele coger desapercibidos a las defensas y al público, que pronto los olvidan. Son como esos apuntes contables que se inscriben en las carpetas y pasan a engrosar el papeleo de la administración pública. Valen por lo que suman, no por lo que son en sí mismos. Responden a momentos de confusión, a barullos, a escaramuzas. Nunca entrarán en la videoteca de los hinchas más estetas. Pero para marcarlos hay que tener una forma de inteligencia difícil de encontrar. Raúl la tiene como no la tuvo nadie y, así, como quien tiende una emboscada rutinaria, firmó ayer su gol. Fue el número 307. La cifra le equipara a Di Stéfano. Él lo sabe y lo calcula. Para estas cosas, el capitán del Madrid practica una suerte de absolutismo burocrático. No perdona un dato, una cifra, una jornada. Nada más meter su tanto, se señaló el dorsal, homenajeándose a sí mismo con rabia. Quiere que le reconozcan. Sus compañeros le agasajaron como quienes proporcionan paz a alguien angustiado. La grada de Soria le dedicó un aplauso. El gesto engrandeció a esta gente porque el gol les acababa de desbaratar lo que parecía al menos un empate.
El partido discurrió por caminos desapacibles. Los jugadores del Madrid se fueron al descanso fastidiados. Al salir de nuevo, las cosas cambiaron. Una jugada con pinta de circunstancial transformó el partido. Robben se asoció con Higuaín, el argentino rompió por la izquierda, remató y el rechace de Pablo fue a parar a la bota derecha de Raúl. El gol entró al primer toque. Como casi siempre. Después de un movimiento imperceptible para los centrales. Como casi siempre. Cuando el partido parecía declinar hacia el empate a cero. Raúl pertenece a la especie de los depredadores vocacionales. Es insaciable. Es como esos zorros que matan más gallinas de las que necesitan para comer. Sólo por el placer de ejercitar los dientes.
Que bonito. Pura literatura fubolera.
Qué bonito.
Enhorabuena Raúl. A la salud de algún café que hemos compartido.

Y más:
La Intercontinental de Tokio frente al Vasco de Gama (1 de diciembre de 1998) es y será recordada por el 'aguanís' que le hizo Raúl a dos defensores del conjunto brasileño y a su portero, Carlos Germano, para después marcar un gol antológico. El delantero madridista recortó a dos rivales en el área cuando parecía que iba a disparar. Una vez superados los defensas, el portero esperaba el tiro de Raúl, pero tampoco tiró. Recortó y esperó a haber dejado a todos sus adversarios en el suelo para batir la meta a placer. El Madrid ganó 2-1 y se adjudicó la copa.
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