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sábado, julio 23, 2011

lunes, junio 06, 2011

Guy Kawasaki sobre la innovación: Los diez mandamientos del emprendedor

Cuando Guy Kawasaki habla sobre innovación en los negocios, como hizo recientemente en la conferencia de tecnología de la Universidad de Pensilvania, lo hace desde la perspectiva de quien cuenta con más de 25 años de experiencia en el asunto—un historial que el afable inversor y emprendedor dice estar lleno de altos y bajos.


Después de estudiar psicología en Stanford y de concluir un MBA en la Universidad de California (UCLA), Kawasaki, nacido en Hawai, se convirtió en el segundo “evangelista” de software de Apple Computer. Su trabajo, de 1983 a 1987, consistía en convencer a las personas para que crearan software para el Macintosh. Él recuerda con cariño a sus compañeros en Apple como individuos visionarios, motivados y probablemente “la mayor colección de excéntricos en la historia de California, aunque el récord lo rompió posteriormente Google”.

Después de salir de Apple, Kawasaki abrió empresas propias, además de hacerse consultor, autor y capitalista de riesgo. Escribió, entre otros:The Macintosh way, Rules for revolutionaries, Selling the dream y, más recientemente, Reality Check. Hoy, con 54 años, Kawasaki oye con frecuencia los planes que le presentan los fundadores de nuevas empresas de tecnología en las oficinas de su compañía de capital riesgo, Garage Technology Ventures.

En la cartera de Garage hay tecnologías específicas para la subcontratación de actividades de logística y para el sector de la energía renovable, entre otras, aunque Kawasaki admite que la empresa no ha dado todavía con un gran descubrimiento que la haga despegar, un Apple o un Google propios. En 2008, el empresario lanzó Alltop, una web libre que usa el RSS para agregar, por materias, las últimas novedades de miles de webs y blogs. Su blog, “Cómo cambiar el mundo” [How to Change the World], es una de las webs de estrategia más visitadas.

En la Universidad de Pensilvania, Kawasaki habló durante el congreso que marcó el 20 aniversario del programa Master Ejecutivo en Gestión de Tecnología (EMTM), ofrecido por el departamento de ingeniería de la universidad en asociación con Wharton. La charla titulada “El arte de la innovación” consistió en un manifiesto de diez puntos sobre cómo producir algo de valor para el cliente. Durante la charla, Kawasaki dio ejemplos divertidos y reveladores sobre servicios como la entrega de hielo (actualmente obsoleto) y sandalias de playa que se pueden usar para abrir botellas de cerveza.

A continuación un resumen de los “Diez mandamientos” de Kawasaki:


1. Ofrezca sentido, y no dinero.

“Como capitalistas de riesgo”, dijo Kawasaki, “lidiamos con muchas empresas que, por norma, nos dicen aquello que creen que nos gustaría oír: cómo ganar dinero. Según mi experiencia, la mayor parte de las empresas fundadas sobre el concepto de ganar dinero suelen fallar. Atraen el tipo equivocado de socio y de empleado”. En lugar de eso, dice, el emprendedor debe preocuparse por hacer que su producto o servicio signifique algo más que la suma de sus componentes, y del dinero que podrá ganar.

Kawasaki llamó la atención sobre las zapatillas aeróbicas de Nike dirigidas al público femenino, y cómo la empresa hizo de ellas algo más que sólo “dos piezas de algodón, cuero y goma producidas en condiciones relativamente sospechosas en Extremo Oriente”. Con una publicidad inteligente en que mostraba cómo las mujeres siempre han sido juzgadas y evaluadas, Nike “cogió un conjunto de materias primas de 2,50 dólares y lo transformó en símbolo de eficiencia, poder y liberación. La empresa produce sentido por medio de zapatos. Las grandes empresas son generadoras de sentido”. No hay duda de que Apple hizo eso con el Mac, con el iPhone y otros aparatos.

2. Trabaje con un mantra, y no con una misión.

Declaraciones insípidas y genéricas sobre la misión de la empresa —“ofrecer productos y servicios de calidad superior para nuestros clientes y para la comunidad por medio de liderazgo innovador y asociaciones”— son buenas sólo para el consultor contratado para desarrollarlas, dijo Kawasaki.

En vez de eso, opte por la concisión y defínase a sí mismo por lo que usted quiere significar para el cliente. Nike ofrece un “desempeño atlético auténtico”; FedEx promete “paz de espíritu”. Para que todos, dentro y fuera de la empresa, estén unidos en torno al mismo propósito, explíqueles la razón de ser de la empresa y de qué manera ella atiende a las necesidades y deseos de los clientes.

3. Sáltese las curvas.

Innovar es más difícil que simplemente estar un poco por delante de la competencia en la misma curva. “Si su empresa fabrica impresoras de margarita, el próximo paso no es la introducción del tipo Helvética en un tamaño de fuente diferente. Su objetivo debe ser ‘saltar’ hacia la producción de impresoras láser”, dijo Kawasaki. Eso es más fácil de hacer en algunas empresas que en otras.

El empresario dijo que en los tiempos anteriores a la refrigeración, la industria del hielo estaba formada por gente que cogía hielo en las regiones de clima frío usando caballos, trineos y sierras para ‘cosechar’ el hielo durante los meses de invierno. En 1900, un total de 4.536 toneladas de hielo se produjeron de ese modo. Después vino la era del ‘Hielo 2.0’: surgieron fábricas que producían hielo en cualquier lugar. El ‘hombre del hielo’ entregaba el producto en establecimientos comerciales y en las casas. Por fin, llegamos a la era del ‘Hielo 3.0’: la nevera casera.

Está claro que ninguna de aquellas personas que cosechaban hielo se metió en el negocio de la producción en fábricas, lo mismo que ninguna de las fábricas se introdujo en la industria de neveras. Esto se explica por el hecho de que “la mayor parte de las empresas se define por aquello que hace”, dijo Kawasaki, “y no por el ‘beneficio que genera para el cliente’. La verdadera innovación aparece siempre que nos saltamos las curvas, y no cuando nos esforzamos por mejorar un 10% o un 15%”.

4. Trabaje con diseños exclusivos.

Introduzca características que no se queden en lo trivial. Kawasaki citó una de las ideas que considera más innovadoras: las sandalias Fanning Reef, que traen un abridor de botellas incorporado a la suela. Hay diseños igualmente inteligentes, como el de la linterna BF-104 de Panasonic, que puede usar pilas de tres tamaños diferentes. De ese modo, las personas no tendrán dificultad en escoger una pila entre los diferentes tamaños que suelen tener en casa.

Hay diseños que son completos, porque no se limitan solo al producto: ofrecen también soporte y servicio. La elegancia también es fundamental, dice Kawasaki. “Toda empresa debería tener un CTO:Chief Taste Officer, o director de gusto’”, dijo. Tampoco puede faltar la emoción. “Buenos productos producen emociones fuertes: piense en la Harley Davidson, el Macintosh”.

5. No se preocupe en crear un producto perfecto.

Esto no significa hacer un producto malo, sino que “la innovación puede contener elementos no muy buenos”, dijo Kawasaki. Twitter tiene un montón de fallos, pero está cambiando el hábito de las personas. El primer Mac tenía muchas cosas que había que mejorar, pero estableció cómo sería el futuro de la computación personal, y no necesitó esperar mucho por eso.

6. Polarice a las personas.

Siempre que usted intente serlo todo para todo tipo de personas acaba cayendo en la mediocridad, dijo Kawasaki. El Scion xB de Toyota, con su estilo “cuadrado”, puede parecer feo para algunas personas, pero para los fans es sensacional. El TiVo tiene éxito, a pesar de volver loca de rabia a la industria de la publicidad.

7. No impida que broten las flores.

Parafraseando a Mao, Kawasaki dijo que no sabemos dónde va a surgir una flor, así que simplemente debemos permitir que brote. Las innovaciones pueden atraer a clientes inesperados e imprevistos. Fue lo que sucedió con la crema para la piel “Skin-so-Soft” de Avon, que acabó siendo un éxito como repelente de mosquitos.

La regla número 1, dijo Kawasaki, consiste en “conseguir el dinero. Regla número 2: descubrir quien está comprando su producto. Pregunte a esas personas por qué lo están comprando y déles otras razones para comprarlo. Eso es mucho más fácil que preguntar a las personas por qué no están interesadas y, a continuación, intentar cambiar su manera de pensar”.

8. Renuévese, renuévese siempre.

Nunca deje de mejorar su producto o servicio. Oiga las ideas de los consumidores. No es fácil, dice Kawasaki, porque el innovador o el emprendedor siempre deben ignorar el consejo de los negativos y de los necios, para quien casi todo es imposible. Una vez hecho esto, cuando el producto llega a las manos del consumidor, ha llegado el momento de comenzar a recibir feedback.

9. Escoja su nicho.

Encuentre su lugar, insistió Kawasaki. A continuación, presentó un gráfico simple de coordenadas X y Y con los cuatro cuadrantes donde se veían las variables “Exclusividad” y “Valor”. Un producto o servicio no necesita ser exclusivo para generar valor. Así fue, dijo, cómo Dell obtuvo cuota de mercado vendiendo ordenadores. En el cuadrante izquierdo inferior del gráfico Kawasaki colocó varias puntocom surgidas a finales de los años 90 sin nada de especial unas en relación con las otras. Eran empresas de bajo valor y sin inspiración.

Ya en el cuadrante superior derecho estaban los productos y servicios exclusivos y de alto valor. Allí estaban la empresa online de servicios de entradas de cine Fandango y la compañía de tarjetas Clear, que puede agilizar el paso de los usuarios por la seguridad de los aeropuertos. “La parte superior derecha es la parte más codiciada del mercado”, dijo. “Allí hay producción de sentido. También es allí donde se gana dinero, se hace historia”.

10. Siga la regla del 10-20-30

Siga la regla del 10-20-30 siempre que esté intentando convencer a un capitalista de riesgo. En otras palabras, no use más de 10 diapositivas de PowerPoint, restrinja su discurso a 20 minutos y utilice una fuente de tamaño 30 en su presentación (para mantenerla simple). El objetivo de ese tipo de presentación no es volver a casa con un cheque en la mano, dijo, sino evitar “ser descartado”.

Kawasaki añadió un ítem más para todos los innovadores —y un mea culpa. “No deje que los necios lo desanimen”, dijo citando a continuación una serie de declaraciones bien conocidas de gente que suele mirar con desconfianza a las nuevas tecnologías.

Fue el caso del presidente de IBM, Thomas Watson, que en 1943 estimó el tamaño total de usuarios del mercado de ordenadores en “cinco, tal vez” (historiadores del sector cuestionan la autenticidad de esa cita no comprobada). Citó también la falta de visión de Western Union, que no vio ninguna utilidad para el teléfono. Esas empresas se dejaron engañar por aquello que ya habían producido y no se pararon a pensar en lo que serían capaces de producir en el futuro. Debemos ignorarlas, dijo Kawasaki.

Sin embargo, él admitió que fue un necio una vez. A mediados de los años 90, le llamaron para una entrevista en Yahoo para el cargo de consejero delegado. La declinó. Él creía que Internet era otra actividad más para el módem del ordenador. Encontrar cosas en la Web tenía un valor limitado, en su opinión. “Según mis cálculos, esa decisión me costó 2.000 millones de dólares”.

Publicado el: 29/07/2009

El copyright de todos los materiales es propiedad de la Wharton Schoolde la Universidad de Pennsylvania y Universia.

…………………………………

Fuente: Wharton.Universia  

  

jueves, mayo 26, 2011

¡Despierta, imbécil!

Por Rodrigo Cortés
En su blog, Maneras de morir


¡Despierta, imbécil!


Hace unos años hice una película que casi nadie vio. A mí me gusta llamarla CONCURSANTE, pero la gente suele añadirle un artículo que, por lo visto, le hacía falta. Como parte de su estrategia de marketing (o ausencia de ella) se diseñó una campaña viral con el nombre de ¡DESPIERTA, IMBÉCIL!, y un servidor elaboró varios teasers, pequeñas cápsulas protagonizados por Leonardo Sbaraglia, en que Martín Circo Martín, el personaje que habitó durante varios meses, lanzaba píldoras en forma de bala sobre su particular manera de procesar la realidad. En su momento, y me refiero a hace cuatro años, poco se hablaba de lo que hablaba Martín, y CONCURSANTE fue calificada por algunos de ingenua, estúpida, vacía, o, como mínimo, innecesaria, adjetivos que, a fuer de sinceros, calzan a la perfección con mi propia existencia.

También elaboré un rabioso decálogo, un pretendido manifiesto fundacional, firmado con furia por Martín Circo, que alguien ha devuelto a mis manos esta mañana y a alguno quizá haga gracia. Como decía Lynch a través de Laura Dern en Blue velvet: “es un mundo extraño…”.
        
¡DESPIERTA, IMBÉCIL!: MANIFIESTO FUNDACIONAL

 Son tiempos oscuros, tiempos de sueño e inconsciencia, tiempos de hipnosis colectiva. Son tiempos extraños. Con entusiasmo suicida, nos entregamos en manos de imitadores de sacerdotes: políticos acéfalos y obedientes, servidores de falsos dioses, que no dudan en sacrificar víctimas inocentes a cambio de casonas reformadas con gimnasio y jardín.

Es hora de reaccionar, es hora de abrir los ojos y enfrentar la realidad. ¡Despierta, imbécil! ¡Tienes que enfrentar el mundo! 

Qué es y qué no es «Despierta, imbécil»…
  

DECÁLOGO DEL INSOMNE

 1.- ¡Despierta, imbécil! no es un movimiento político, pues abomina de la política de los seres dormidos. No es un movimiento de izquierdas o de derechas, intervencionista o liberal, es un puñetazo en la cara de los que duermen y los que quieren que durmamos, un escupitajo en el ojo de los que guían nuestros destinos, un insulto aullado al viento de los mediocres.

2.- ¡Despierta, imbécil! no es un movimiento antisistema. No llevamos jerseys gruesos de lana, ni lanzamos adoquines, ni nos embozamos con pañuelos palestinos para asaltar las hamburgueserías en que acabamos de comer. Estamos dispuestos a sacrificar nuestra propia vida para permanecer en la vigilia, sin renunciar al dolor que esto conlleva.

3.- ¡Despierta, imbécil! denuncia la gran y global estafa del sistema bancario mundial, denuncia que las reglas están amañadas, denuncia que el 90% del dinero que circula en el mundo no es real, denuncia el sistema crediticio por el que la banca cobra intereses por préstamos que no hace, ¡es dinero falso, intangibles anotaciones electrónicas, nos entregan humo a cambio de sangre!

4.- ¡Despierta, imbécil! combate la hipnosis colectiva que impide la existencia real del individuo al convertir el librepensamiento en una marca residual de marketing. ¡Somos la resistencia al rescate del individuo!

5.- ¡Despierta, imbécil! detesta la Economía oficial y las verdades impostadas de las facultades, infecciones docentes propaladas desde el núcleo de la mentira. Educan a nuestros educadores para que nos injerten el sueño falsario de un conocimiento dañino.

6.- ¡Despierta, imbécil! no cree en la igualdad automática entre los seres humanos, porque no son iguales el moral y el ladrón, el esforzado y el perezoso, el mentiroso y el honesto. Cree en el mérito personal, el esfuerzo, la conciencia y la renuncia.

7.- ¡Despierta, imbécil! se ríe de quienes quieren cambiar el mundo pero no quieren cambiarse a sí mismos. Es un movimiento de total compromiso, gestado desde la responsabilidad individual y el verdadero deseo de cambio. No nos plegamos a consignas ni fórmulas, y somos impermeables a la influencia interesada de quienes buscan el consuelo hipnótico de la falsa solidaridad. ¡Somos insomnes!

8.- ¡Despierta, imbécil! es un movimiento para los que piensan, no para los que reclaman manuales de instrucciones.

9.- ¡Despierta, imbécil! es la última oportunidad para el que se complace en ser sapiens y apenas es habilis, para el aletargado y el cómodo, para el que sueña despierto. ¡Despierta, imbécil! ¡Despierta!, ¡despierta, imbécil!

10.- ¡Despierta, imbécil! denuncia que estamos en manos de seres dormidos y reclama una reacción personal e inmediata de quienes estén dispuestos a pagar el precio de la vigilia. ¡Es preciso realizar acciones diarias de despertar, lanzar al mundo un mensaje personal y diario que cree un bando alternativo! Estamos diezmados, es una pelea desequilibrada, pero no renunciaremos al único de nuestros derechos: DESPERTAR.


Martín Circo Martín
Fundador del movimiento ¡Despierta, imbécil!






martes, diciembre 28, 2010

LLEGÓ ORSAi !!!

La tengo entre mis manos!

No sé por dónde empezar! Se diría que por el principio, pero cada página es una tentación...

Qué formato! Qué papel! Qué perfume!

Pues nada... A leer y disfrutar!!!

Imagino que a éstas horas estaréis en plena bacanal, léase picnic, mucho ORSAi y mucha pizza al calorcito, en Mercedes, en la cancha! Curiosidad, qué birra estáis escanciando? Imagino que Quilmes... En eso, a pesar de haber nacido en bue, no hago patria, nunca me gustó :-( Pero obviamente cuando voy por esos lares, la bebo, aunque sea por una cuestión de prurito cultural...

Y otra vez, felicitaciones y enhorabuena Hernán, Chiri y toda la banda!

Abrazo desde un Madrid muy frío!

NOTA: Me dice Florencia, para más señas correctora de la revista, en el foro de la página de ORSAi en Facebook: Leéla desde el principio, de forma lineal. Está pensada de ese modo, hacéme caso. Beso y que la disfrutes!

Pues nada, así lo haré...

viernes, diciembre 10, 2010

No os perdáis éste vídeo. Menuda lección de vida...

Albert Casals vía orsai.

Aquí el post de orsai en el que está el vídeo.
Si podéis, vale la pena leerlo.

Qué me puede gustar más que la gente que vive una vida normal piense que estoy loco? ¡Es perfecto! Es la confirmación definitiva de que estoy haciendo lo correcto.
Y el miedo es lo contrario a la felicidad... 
Media vuelta from Umbilical Produccions on Vimeo.


De una forma natural, Albert llegó para decirnos que todo, los volantazos a destiempo, los viajes sin sentido, cualquier cosa que soñemos hacer, puede curarnos y es posible. 
Hernán Casciari vía orsai

lunes, octubre 25, 2010

¿Harto de Windows?

Jolicloud, una alternativa genial a Windows
Por Martín Varsasky

El tema de los sistemas operativos puede ser algo complicado. La mayoría de la gente usa Windows, porque es el sistema operativo más conocido. Mac OSX también va ganando mucho público los últimos años gracias a la creciente popularidad de los productos de Apple. Sin embargo, mucha gente aún no conoce Linux, y menos aún los SO creados a partir de él, como Ubuntu (el más conocido) o Jolicloud.
Yo hoy les quiero hablar de Jolicloud, un SO para netbooks creado por mi amigoTariq Krim, el también fundador de Netvibes. Jolicloud es gratis y está basado en Linux, por lo que no tiene virus ni antivirus:) Es especialmente bueno para netbooks que sufren con Windows pero vuelan con Jolicloud. Linux en general tiene la virtud de que los equipos viejos te funcionan más rápido que los buenos y mejores que usan Windows. Además, es un SO social que tiene más de 300 aplicaciones gratuitas de software libre, entre las que puedes encontrar las más populares: Firefox, Twitter, Facebook, Gmail, Spotify… Que sea un SO social significa que muchas de las aplicaciones son creadas y compartidas por la comunidad de usuarios de Jolicloud, que no deja de crecer. Además, Jolicloud facilita el uso de servicios com Dropbox, Box.net o Drop.io, que guardan toda nuestra información en la nube para que podamos acceder a ella desde cualquier ordenador conectado a Internet.
El entorno de Jolicloud es muy fácil de aprender a usar, mucho más intuitivo, versátil y sencillo que Windows. Es por eso que es un sistema operativo ideal para colegios. De hecho, el British IB School en La Costa del Sol compró 400 EEEpcs para sus alumnos de entre 11 y 18 años, y les enseñaron a instalar y a usar Jolicloud en sus nuevos netbooks. Aunque al principio les fue difícil porque ellos, como casi todo el mundo, sólo habían usado Windows, en seguida se acostumbraron, y les encantó la cantidad de aplicaciones disponibles de manera gratuita, y la facilidad para instalarlas (con un sólo click desde Windows!).
Desde aquí le quiero dar la enhorabuena a Tariq por su gran trabajo. Creo realmente que Jolicloud es una estupenda manera de incorporar las TIC a las escuelas, y por eso ¡espero que siga creciendo como hasta ahora!
Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

sábado, septiembre 11, 2010

Mad Men - ¿Qué haría Draper con una Mac?

Espoiler
El Blog de Andrés Casciari
El País
10 septiembre 2010


¿Qué sucede? ¿Dónde estamos? ¿Quién soy yo? A golpe de vista, la foto descoloca.


Es tan natural para mí que estos dos señores, y los demás personajes que pueblan el universo Mad Men, habiten otro tiempo, que la foto parece trucada.
Pero no. Ambos están en Los Angeles, en uno de los sets donde se rueda la serie de Matthew Weiner, y fueron fotografiados por un reportero gráfico de la revista Rolling Stone para la siguiente producción de tapa.


Es lógico. Porque más allá de los premios y la gloria mediática, Mad Men es la serie del momento. Y por eso vamos a cerrar la semana con ella.
La producción fotográfica completa, en la que hay algunas imágenes imperdibles, se puede ver aquí mismo. Y la nota que acompaña la maravillosa galería (en inglés) en este otro link.
Todo se lo debemos a este señor, un hombre serio que, para fumar —al contrario de sus criaturas— abre la ventana.


Viendo Mad Men es muy difícil que alguna vez dejemos el tabaco. Pero eso sí, seguramente nos convirtamos en mejores personas.

Mad men y la inteligencia en TV

Puerto Libre
El Blog de Ángeles Mastretta
El País
9 Septiembre 2010

Llevo dos días dándoles vuelta a las escenas y los diálogos, al detalle y los abismos que trajo a la televisión el más reciente capítulo de la serie Mad Men. Escrito por Matthew Winer, el episodio es perfecto. Muchos de ustedes van a creer que exagero, que no puede haber arte en la televisión, menos una obra maestra en un capítulo de cuarenta minutos. Tendrán que verlo. Y les aseguro que acabarán dándome la razón. El capítulo del domingo pasado, que vi el lunes porque hasta entonces fue posible, trajo a mi noche el pasmo, la pena, el temblor, la compasión y la risa. Terrible y hermoso. Raro porque al parecer cuenta solo la vida, tanto como la vida puesta frente a nosotros con una sencillez que hace coincidir con emociones muy sofisticadas. Con una sequedad bárbara el escritor y los actores lastiman y encantan de tal modo que uno quiere salir corriendo a comentar lo que ha sentido.


Punto: Éste no es un blog de tele, como el de Hernán Casciari a quien cada vez quiero más porque uno hace amistad con quienes comparten sus sueños y éste televidente apasionado y cuidadoso acompaña algunas de mis fervores recientes, pero no por eso menos intensos. Estamos viendo la cuarta temporada de la serie Mad Men. A mí, como a muchos viciosos, me gusta esperar a que salga el DVD con la serie completa para verlo de un golpe en un solo día. No he podido hacer eso con Mad Men. Cada semana, gracias al preciado invento que es Apple TV compro el nuevo capítulo aunque me pase los siguientes seis días esperando al próximo.
Punto y seguido: El capítulo llamado The suitcase será un clásico y voy a vivir para ver que así se reconozca. Por lo pronto, ayer me encontré con el comentario de Hernán y quiero recomendárselos. Su blog se llama TV Spoiler . Tras leerlo me sentí muy acompañada y perdoné a Cati a quien llevo dos días pidiéndole que lo vea y dándole todo tipo de pequeños adelantos, no de trama, pero sí de opiniones.
Punto y aparte: Ya no me cuentes. ¡No me cuentes!-pide por teléfono mi hija que aún no ha podido verla.
Punto final: Así es que vine a contarles a ustedes.
Música para hoy: Estoy oyendo un concierto para clarinete del bendito Mozart. Alguien ya había inventado la historia del cielo, pero él la vuelve cierta aquí.
Cumpleaños de hoy: Los cuates, Eugenia y José María Villanueva Aguilar, cumplen cuatro años. Y están benditos y bendicen a quienes cruzan su camino.
Cita de hoy: “No se puede vivir como si la belleza no existiera”. Luis Rius.
Pena de hoy: El asunto del parque del arte se ganó en el papel. Pero en los hechos está idéntico.

viernes, agosto 06, 2010

Grupos para escuchar con monóculo y esmoquin

Indie para melómanos
Por: Álvaro Llorca | María Sánchez 

Ya os hemos contado que nunca se nos habría pasado por la cabeza visitar Louisville de no haber sido por un consejo del gran Steve Albini. A él le tenemos que agradecer dos de las cosas más sorprendentes que nos pasaron en todo el viaje: dormir en una funeraria, tal y como contamos ayer, y conocer a Rachel Grimes.


 

Seguramente muchos os estéis preguntando ahora quién demonios es la tal Rachel. De acuerdo, no es que se la pueda considerar una estrella de la música americana, pero esta pianista goza de gran fama y prestigio en círculos restringidos por haber formado parte de Rachel's, un grupo de culto. A pesar de que esta banda de post-rock se halla desde hace cinco años en estado de "profunda hibernación", según reza su página web, muchos todavía le rinden tributo. Nosotros somos dos de sus fieles acólitos, pero no los únicos. Grimes nos contó que, todavía hoy, es rara la semana que no le llegan emails de algún quinceañero japonés o polaco contándole que acaba descubrir a Rachel's y que su música le ha conmocionado profundamente.


En una década de actividad (1995-2005), Rachel's tuvo tiempo de sobra para hacer todo tipo de experimentos y travesuras, como grabar el disco 'Full on night' con Matmos, el famoso dúo de electrónica, y después bautizar el último de sus trabajos con el profético título de 'Technology is killing music' (la tecnología está matando a la música). También publicaron un álbum conceptual dedicado al libro de Pablo Neruda 'El mar y las campanas' en 'The sea and the bells' o pusieron banda sonora a los cuadros del pintor expresionista austriaco Egon Schiele en 'Music for Egon Schiele'.


Fue en este disco donde Rachel's dejaron a un lado las guitarras y se pasaron al cello, el piano y la viola. Cruzaron la frontera hacia el lado de la música de cámara minimalista y su sonido empezó a parecerse más al de compositores contemporáneos de corte decididamente clásico como el polaco Henryk Gorecki o el estonio Arvo Pärt que al de un grupo de rock progresivo. Rachel Grimes ha continuado esta senda en su carrera en solitario. Prueba de ello es que la revista Time Out de Chicago incluyó su debut, 'Book of leaves', en su top 10 de álbumes de música clásica del pasado año. Sin embargo, este trabajo ha sido editado por Karate Body Records, un sello más bien 'indie'. Y medios centrados en música alternativa lo han reseñado positivamente, como Pitchfork, que dijo que el disco era como "el cálido abrazo de un viejo amigo"



Evidentemente, no pensamos que la música clásica sea incompatible con el pop o con el rock, pero conversando con Rachel nos surgieron varias preguntas. ¿Por qué de vez en cuando se dan fenómenos así? ¿Cómo una banda tan cercana a la música de cámara consiguió ganarse el favor de los fans del rock alternativo? ¿Qué tiene que hacer un artista clásico para granjearse a estos oyentes? "Cuando has estado en un grupo de post-rock cambia la forma en que como intérprete después te acercas a la música clásica y viceversa", contesta Grimes. "Se trata de una cuestión de lenguaje y de simplicidad". Una cuestión indescriptible pero palpable que, suponemos, se deja sentir en la música y cosecha nuevas adhesiones. 
El puente que existe entre el post-rock y la música clásica es sólido y cómodamente transitable. Además de Rachel's, ahí están bandas como Godspeed You! Black Emperor para demostrarlo. La propia Rachel Grimes es una buena representante de esta bicefalia, ya que también toca en King's, Daughters and Sons, otro recomendable grupo post-rock radicado en Louisville.
Gustavo Santaolalla, The Evpatoria Report, Shigery Umebayasi, Esmerine, Ryuichi Sakamoto, A Silver Mt. Zion, Michael Galasso... hay varios ejemplos de artistas que se mueven con fluidez entre los dos mundos, consiguiendo que los oyentes se balanceen y alternen entre ambas orillas del río. Tal vez el caso más claro sea el de Michael Nyman, cuyo nombre agradaría por igual a un exquisito melómano con monóculo y esmoquin en el Auditorio Nacional o a la audiencia del Primavera Sound, donde el año pasado compartió escenario con grupos tan antagónicos como Sonic Youth o My Bloody Valentine.
¿Conoces más artistas que combinen la música clásica con otros géneros?
Para saber más:
  • Antes de acabar este post, no podemos dejar de recomendamos 'System / Layers', nuestro álbum favorito de Rachel's. No es fácil de conseguir, pero la búsqueda merece la pena. 
  • El próximo mes Rachel Grimes estará de gira por Europa (no hay fechas previstas en España) para presentar 'Book of leaves' en concierto.
  • En contra de lo que se piensa generalmente Rachel's no fue bautizado así por Rachel Grimes, sino en honor al Toyota Corolla de Jason Noble, guitarrista y fundador de este proyecto.

jueves, julio 08, 2010

"Yo, argentino"

En éstos días de mundial, de pronto recordé éste post, de hace casi 1 año, de Martín Varsavsky en su blog.

Solo añadir que los argentino en el exterior tenemos muchas coincidencias, tanto de concepto como vivenciales. Tengo 48 años y a los 24 decidí quedarme en España, con temporadas en otros sitios, incluída Buenos Aires. Adhiero y me siento reflejado en mucho de lo que Martín expone en su post.

Si leéis el post, recomiendo ir al blog y leér los comments.

Un par de anécdotas propias relacionadas al tema (de las muchas), desde lo vivencial que mencionaba antes:

- Cómo buen argentino, la primera vez que conduje en España (recuerdo que fue yendo del aeropuerto de Bilbao a Vitoria a ver a un cliente), me salté un Stop. Ataque de pánico entre los pasajeros españoles. Aprendí. Una de las consecuencias: viajo a Buenos Aires y respeto el Stop (Pare allí) en la bajada de Gral.Paz a Libertador hacia el norte. Consecuencia: me chocaron por detrás y en cadena 4 coches. Obviamente, para todos la culpa era mía.

- Me robaron varias veces en mis viajes a Buenos Aires (en España también) pero, la peor (al margen de los asaltos que involucraron fusiles y pistolas, más por el componente emocional, porque fue un descuido) fue en el viaje de bodas que hicimos con la que ahora es mi ex mujer, española ella. Lo dividimos en dos: mitad en Buenos Aires para que conozca a mi familia con escapada a Uruguay y mitad a Palma de Mallorca. Al llegar y en el mismo Ezeiza, al salir de la aduana, entre abrazos y saludos, nos robaron el bolso de ella, con dinero, tarjetas, documentos. Fantástica bienvenida.

Os dejo con el texto.



Yo, argentino

Volviendo de nuestro viaje vemos que tenemos bastantes regalos. Entre ellos encuentro la colección de Oblogo, una revista literaria argentina que resultó ser tan buena como corta. Tiene bastantes artículos de muy alto nivel, algo que sorprende al venir encuadernados en un formato de panfleto político. Aún no entiendo a quién debo agradecer por el envío, pero lo voy a hacer porque reconozco que me quedé atrapado por el contenido. Cada artículo es como un túnel (en el sentido digital) directo a un punto concreto de la personalidad argentina. Son excelentes retratos; me gustó uno sobre un viaje en subte, otro sobre los diferentes estilos de engaños matrimoniales, y uno muy gracioso sobre como funciona de mal McDonalds en Argentina, donde le cambiaron el nombre a las pajitas porque sonaba a masturbación. Entusiasmado le empecé a leer artículos a Nina, pero al hacerlo me di cuenta del abismo cultural que nos separa.

A Nina, siendo europea del norte, alemana y educada en Inglaterra, le cuesta entender muchas cosas del carácter argentino. Mis historias en las que personajes se enorgullecen de actos que a ella le parecían egoistas y traicioneros perdían el humor. Al final, aunque siendo argentino, yo también veía que lo que en Argentina son virtudes en la mayoría de los países son defectos. En cierto sentido los europeos del norte son más parecidos a los japoneses (acabamos de estar en Japón) que a los argentinos. Son considerados honestos, cívicos, responsables de sus actos y listos a disculparse ante el menor agravio. La sorpresa mayor fue cuando le mostré la foto de el Yo Argentino. Nina no podía creer que en Argentina ser argentino signifique algo tan negativo entre los mismos argentinos. El concepto de que un pueblo tuviera un gesto y una expresión en la que ser argentino significa justamente lo contrario de lo que en Alemania y el norte de Europa es ser una buena persona la confundía. Al principio creyó que era una tomadura de pelo a los argentinos hecha por algún rival latinoaméricano que quería difamarnos. Yo tuve que explicarle que no éramos víctimas de ningún ataque regional, sino que aunque ser argentino es una actitud que define lo opuesto de la solidaridad eso es, justamente, ser argentino. Según la revista:

Yo, argentino es un gesto que sirve para excusarse de involucrarse en una cierta situación….el gesto es utilizado como sinónimo de yo no me meto, o bien con un significado cercano al de no me hago responsable.

En argentina ser canchero (chulo), piola (listillo), avivado (ser más engañador que el otro), ser un buen jugador de truco (el juego nacional basado justamente en el truco) son virtudes. Cuando yo era chico tenía un pariente que traía billetes recién sacados del banco y me decía que los hacían en su casa, pero que no le contara a nadie. Mi educación argentina consistió en aprender el refinado arte de conseguir no caer en las mentiras que me rodeaban. Los héroes que nunca habían contado una mentira no pasaron por Las Heras entre Ayacucho y Junín. Y ojo, no es que en Europa del norte no se miente, pero lo que no se llega es a estar orgulloso de hacerlo caer al otro. Por eso es muy difícil explicarle eso a una persona que viene de una cultura tan distinta que es divertido engañar.

Cuando yo era chico y mi padre, educado en Harvard, paraba en el paso de cebra para dejar pasar a los peatones, yo recuerdo que le preguntaba por qué éramos los únicos boludos que hacíamos eso y le decía que si seguía así un día nos iban a chocar de atrás. Pero luego de vivir 25 años afuera volví de visita y un taxista casi atropella a una señora que cruzaba por el paso de cebra y cuando yo le dije que la señora tenía el “derecho” de paso, me respondió ¿derecho? dale…¿qué va hacer? ¿le va a ir a llorar al juez en silla de ruedas? Y yo extrañé mucho a mi padre, que ya había fallecido.

Y hay otro tema de la Argentina que es complicado de compartir con un europeo del norte y es el del servicio doméstico. En Europa del Norte no tener mucama no es una cuestión de dinero, sino de la satisfacción de valerte por ti mismo. Mi suegro tenía una fábrica cuando Nina era chica, pero ellos no tenían mucama porque en Alemania está mal visto que otro te lave los platos, te sirva la mesa en tu casa, te cocine tu comida y ni hablar de que eduque a tus hijos. La madre de Nina cocinaba, el padre lavaba y todo esto volviendo de la fábrica donde tenía un centenar de empleados. En la Argentina en la que crecí yo, la población estaba dividida entre los que ensucian y los que limpian, los que tiran la ropa y los que la recogen, los que se visten con una camisa reluciente y los que la planchan. Sí, en Argentina también hay familias que ni le limpian la casa al otro ni nadie le limpia la suya, pero siguen siendo minoría.

Cuando yo era chico mis padres eran los dos profesores. Mi padre de física, mi madre de inglés. No teníamos ni plata para comprarnos un coche, ni una televisión a color. Pero eso si, teníamos a Rosa que es como mi segunda madre y aún la veo cuando voy de visita a la Argentina. Y Rosa se ocupaba de la casa. Sin Rosa Las Heras 1975 se venía abajo. Durante el fin de semana los platos se apilaban porque nadia lavaba nada hasta que llegara Rosa. Y esto no es algo que nos avergonzaba. Dejá que viene la mucama es algo muy común de decir en Argentina. Y la vajilla sucia se acumula. Así es que con Nina tenemos una especie de shock cultural. Nina en casa se levanta a recoger los platos y el servicio se pone incómodo. Nina me hace ver como raro lo que para mi es normal. Por eso nos sentimos muy bien cuando vamos a nuestra casa en París. Ahí no tenemos ayuda, yo hago la compra y cocino, Nina lava los platos y hace la cama. Yo manejo la Vespa. Pero no vivimos en Paris, vivimos en Madrid, con mucha ayuda. Y yo que siempre pensaba que estaba ayudando a inmigrantes, consiguiéndoles sus papeles, dándoles trabajo, ahora me doy cuenta de algo obvio, que las únicas sociedades justas son las que la gente se hace la mayoría de sus cosas, nadie es la mucama de la mucama, la niñera de la niñera. Y hay muchas historias tristes de señoras que dejan a sus hijos con sus padres y cuidan de los hijos de otros, en Argentina y en España también. Mucha de la liberación femenina se debe a que hay otra mujer bastante menos liberada que está cuidando los hijos de la mujer que trabaja. Muchas Rosas.

Termino con un comentario que podría explicar la increíble difusión que existe entre la clase media y alta argentinas de la psicología y el psicoanálisis. Así como todo el que puede en Argentina tiene una persona que le limpia y cocina, también tiene una persona que le limpia y le cocina, el cerebro. Cuando hablo con Nina de este tema, de que la mayoría de la gente que vemos cuando visitamos Argentina va a un psicólogo o una rama de la psicología llamada psicoanálisis, que es hoy en día solo común en Argentina, es interesante su respuesta. No es que Nina está en contra de la psicología y el psicoanálisis, pero su reacción y la de muchos de mis amigos nórdicos, es que así como uno tiene que hacerse su cama, también tiene que ocuparse de sus problemas a menos de que por supuesto sean realmente graves, en cuyo caso uno va a un hospital donde si te hacen la cama y también te curan. El resultado es que para ellos ser inglés, o ser alemán, o ser sueco, significa un tipo de orgullo diferente. Los nórdicos se disputan las buenas virtudes. Aspiran a ser responsables, comprometidos con la sociedad, cívicos, cordiales, no quieren ser vivos y hacer caer al otro. Pero para nosotros, lamentablemente, ser argentino significa lavarse las manos, pero no los platos, y yo lo digo reconociendo que aún soy bastante argentino.

Ahora si finalizo aclarando que no quiero ofender a nadie con este artículo, y menos a mis compatriotas. Ser argentino también tiene virtudes como la creatividad, la espontaneidad, y quizás en ciertas ocasiones no hacerse cargo de las culpas evita depresiones y suicidios que son bastante más comunes en Europa del norte. Pero creo que contar esta experiencia personal en mi blog, la de tratar de compartir artículos de una graciosa y divertida revista literaria llamada Oblogo con mi esposa alemana, y lo que ocurrió al tratar de hacerlo, le puede resultar útil a algún otro argentino. ¿Quién sabe? Quizás podemos ser más argentinos…siendo menos argentinos.








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miércoles, junio 02, 2010

Facebook, Google, Orsai y la protección de datos (qué mezcla!!!)

Facebook y su política de protección de datos siguen dando que hablar. Y lo que te rondaré, morena...

Según RedUSERS (y otros medios como TVE en el telediario de hoy), de una encuesta realizada por la firma Sophos entre los usuarios de Facebook, se desprende que el 60% de ellos se haya planteado alguna vez la posibilidad de darse de baja por sus políticas de privacidad.


Y todo ello sin entrar a comentar los innumerables casos de parejas y amistades que han tenido rupturas y problemas a consecuencia de Facebook. En mi opinión, de esto último no se le puede echar la culpa al mensajero. Sí es grave que se cuele información (de cualquier tipo) a niveles que el usuario no ha autorizado.

¿Y que tiene que ver todo esto con Hernán Casciari y su genial Orsai? Todo y nada. Recordé un magnífico post que, aunque no hace referencia a Facebook, si habla de Google y lo que puede suceder si las políticas de privacidad y protección de datos... no, no voy a ir de spoiler. Leédlo, os aseguro que vale la pena.


El uno para el otro
por Hernán Casciari

Salir de casa para cenar con gente implica una serie de actividades molestas: bañarse, vestirse, perderse un partido de la Eurocopa, comprar un vino caro, sonreír dos horas sin ganas, a veces tres. Que te acompañen por las habitaciones para que veas una casa que no te importa. Dejar a tu hija con los abuelos, extrañarla. Cenar sin tele, sin cocacola, comer ensalada de primer plato, no desentonar, no fumar si no hay ceniceros a la vista. Muchísimo menos sacar la bolsita feliz. Son demasiadas cosas para la edad que tengo.

El viernes padecí una de estas cenas absurdas que ocurren cuando estás en pareja: Cristina tiene una amiga íntima que se fue a vivir con un señor. Hasta ahí todo bien. El problema empezó cuando entre las dos organizaron una cena. Corrijo: el problema empezó cuando me incluyeron en la cena.

Porque hasta entonces Cristina tenía una amiga soltera con la que almorzaba o cenaba cada tanto, pero ellas solas: yo no participaba en la relación. Pero ahora, que la amiga vive en pareja con alguien, me invitan. Supongo que por una cuestión de simetría.

—Quieren que conozcamos la casa —me dice Cristina—. Además él parece majo.

—Ningún hombre que acepta cenar a la misma hora que se juega la Eurocopa es majo —sentencié—. Es puto.

Llegamos a las nueve en punto, con un vino en la mano. Mireia, la amiga de Cristina, estaba radiante, colgada del brazo de este buen hombre, al que no conocíamos. La casa era la de él. Una casa moderna, en las afueras de Barcelona.

—Él es Pol —dijo Mireia.

—El famoso Pol —dijo Cristina, y le dio dos besos. Yo le di la mano y sonreí.

Pol era de esos tipos más jóvenes que yo, tres o cuatro años menos, pero que me generan el mismo respeto abismal que si tuviera veinte años más. La ropa le quedaba bien, estaba afeitado y se movía como si fuera grande. Esa clase de gente pulcra por convicción, no por mandato de la mujer o la madre. A Pol, con toda seguridad, nadie le dijo aquella tarde que se bañara y se pusiera perfume a los costados del cogote. Lo hizo solo, lo hizo por gusto. Era esa clase de gente incomprensible.

La cena, como es lógico, transcurrió por el andarivel de los lugares comunes. Una charla lánguida en la que se escuchaban los ruiditos de los tenedores contra los platos. Se notaba que ellas —Cristina y Mireia— tenían muchas ganas de hablar a calzón quitado sobre temas propios de mujeres; se notaba también que no lo hacían por culpa de nuestras presencias masculinas. ¿Por qué entonces habían organizado una cena de cuatro?

Más tarde entendí que ésa era la única manera de que Cristina pudiera conocer a Pol sin apuros —conocerlo de un modo social, quiero decir— para así después, a solas con su amiga, sacar conclusiones. Nosotros éramos muebles en la reunión, elementos anecdóticos. Y yo más que nadie.

Tuve una breve presencia discursiva durante la cena. Fue cuando el tema fue nuestra hija. No me cuesta hablar sobre esa cuestión y además los anfitriones parecían estar muy interesados en ella, aunque no tanto como para haberla invitado. Todo hubiera sido diferente con Nina en la mesa: yo habría podido hablar con alguien de mi edad.

En general la charla la llevaban las mujeres. Pol y yo nos sonreímos, en silencio, un par de veces. Al principio de la noche intenté sacar el tema futbolístico, pero no encontré respuesta por su parte. Él después me tanteó en cuestiones de negocios, pero yo bajé la vista y mordí una aceituna. No tardamos más de un minuto en sabernos incompatibles, y desistimos con hidalguía.

Sin embargo ocurrió algo que me reconcilió un poco con él. En cierto momento, a los postres creo, me hizo una mueca leve: entornó los párpados, levantó las cejas y movió la cabeza de arriba a abajo. Era el gesto masculino universal, el que dice: Hermano, aguantemos que falta poco. Me hizo bien saber que no era yo el único que llevaba el peso del aburrimiento en la mesa.

Cuando llegaron los cafés Mireia nos contó cómo se conocieron, ella y Pol. No podía faltar la minucia romanticona. Por lo que oí, ambos trabajan en la misma multinacional, ella de secretaria ejecutiva y él como responsable de recursos humanos. Aburridísima anécdota. El amor empezó a cuajar, por lo visto, en los pasillos de la empresa.

—De a poco —nos contaba Mireia, con una sonrisa gigante de mujer enamorada—, Pol empezó a hacerme obsequios imprevistos. Primero una flor, después un libro. Más tarde unas sandalias.

Pol sonreía, incómodo. Yo intentaba no mirarlo.

—Qué galán —dijo Cristina.

—Pero lo increíble de sus regalos —siguió Mireia—, es que nunca falló con mis gustos. La flor, una orquídea; el libro, de Coelho; las sandalias, de Koh-Tao…

—Como si te conociera de toda la vida —dijo Cristina, emocionada, y me miró con asco, posiblemente recordando el long play de Pappo’s Blues que le regalé para nuestro aniversario.

—Sí —aceptó Mireia, tomando la mano de su media naranja, y mirándolo a los ojos—, como si fuésemos almas gemelas.

Pol parecía intranquilo. No porque Cristina conociese esas intimidades rococó, sino por mi presencia observadora. A ningún hombre le gusta que otro escuche los detalles melosos de sus galanterías.

Hice un esfuerzo inhumano en favor de la raza:

—Pol —le dije, levantándome—, ¿me indicás dónde hay una terracita o algo, para fumar un cigarro?

Nos fuimos escaleras arriba, con dos cervezas. Todavía no habían desaparecido nuestros talones del comedor cuando las voces de Cristina y Mireia se convirtieron en murmullo cómplice y en risa ahogada: ya estaban hablando, por fin sin testigos, en el tono con que ellas solían hablar a solas.

—Disculpa lo del cigarro —me dijo Pol, ya acomodados en un balcón inmenso—, pero prefiero que los invitados fumen fuera.

—No quería fumar —mentí a medias—, quería salvarte de la charla cursi. Y salvarme yo también de tener que escucharla… Las intimidades me ponen nervioso.

—A veces conocer los secretos de los demás puede ser muy útil —me dijo con misterio, y bebió su cerveza.

Había cambiado la voz. De repente, al aire libre y con la luz de la luna, era otra clase de hombre, distinto al que había sido durante la cena. O eso me pareció.

—¿Quieres que te cuente, de verdad, cómo conocí a Mireia? —me preguntó, y aquí viene el motivo por el que estoy escribiendo esto.

—Contame, claro —y prendí un cigarro.

—Yo trabajo en tecnología, y aparte de que mis tareas incluyen controlar lo que hacen en Internet los cuatro mil empleados de la compañía, hace un año activé un sistema que me permite ver qué buscan los empleados en el Google.

—¿Eso no es ilegal?

—Es útil, lo útil nunca es ilegal —me dijo—. Google es una herramienta increíble. Las personas acuden a él como hace mil años acudían a los brujos, o al oráculo… La gente hace las preguntas más inverosímiles, pero son también preguntas decisivas. El buscador es una especie de Dios personal que no juzga, que solamente ofrece respuestas aleatorias, en general muy malas respuestas. Pero qué importa…

—Lo importante en tu trabajo no son las respuestas —intuí.

—Exacto —dijo Pol—. Lo que importa son las preguntas, las búsquedas en sí mismas. Un empleado con acceso a Internet busca cosas veinte o treinta veces por día…, diferentes cosas, siempre según su estado de ánimo y su necesidad vital. Si tú pones en papel las búsquedas que hace una persona en un año, tendrás el verdadero diario íntimo de quien quieras. El diario íntimo que nadie se atrevería a escribir.

Pensé en mis búsquedas privadas de Google. Me avergoncé tímidamente y le di la razón en silencio.

—La gente tiene inquietudes muy curiosas —me dijo Pol—. Ciertos gerentes de mi empresa, en apariencia muy seguros de sí mismos, buscan perfumes con feromonas para atraer mujeres. Por ejemplo. Algunas administrativas veteranas, con hijos ya adolescentes, ésas que se desviven hablando de su familia y tal, buscan todas las tardes videos de mujeres besándose. Hay un cadete al que le gusta ver fotos de viejas desnudas, ancianas de noventa años con las tetas por las rodillas, como uvas pasas, cosas por el estilo. Y así te podría contar la historia secreta de la Humanidad, a escala. Lo que hacen cuatro mil personas en una empresa no es muy diferente a los que hacen seis mil millones en el mundo entero.

Me vino a la cabeza, inmediatamente, aquel cuento de Borges en donde un cartógrafo decide componer un mapa que lo incluya todo y que, después de muchos años de trabajo, descubre que el mapa tiene la forma de su propio rostro. Estuve a punto de comentar esto, pero me interesaba mucho más que Pol siguiera con su monólogo.

— Desde hace un año, las búsquedas de todos mis empleados quedan guardadas en inmensos data warehouses —lo dijo en perfecto inglés—. Con esa información yo saco conclusiones a nivel management, claro. Pero también puedo saber, por ejemplo, qué tipo de flor le gusta a la nueva secretaria.

—O qué libro de Coelho.

Él rió.

—O qué marca de sandalia —me dijo entonces, con su verdadera sonrisa, que era una muy diferente a sus sonrisas de la mesa—… Mireia primero me entró por los ojos, desde el primer día que la vi aparecer por la puerta. Pero desde entonces mi trabajo fue minucioso: empecé a saber qué quería, qué temía, qué cosas la motivaban, qué compraba y qué vendía. En qué creía y, sobre todo, qué estaba dispuesta a creer. Con la mitad de esos datos, te follas a cualquier mujer en hora y media de charla. Imagina entonces lo que puede hacer un gobierno con las búsquedas de un pueblo entero.

Me lo imaginé y me dio asco. No el mundo, sino el nuevo Pol, el Pol de la terraza. Preferí mil veces al otro, al tímido que tomaba de la mano a su novia y la miraba a los ojos en la sobremesa. Pero ya no vería más a aquél, porque había conocido a éste. Y éste mataba al anterior.

El otro, el Pol galante y primerizo, seguramente era ahora mismo el tema de conversación en la charla femenina del comedor. Mireia le estaría confesando a Cristina que su novio nuevo era perfecto y sensible, que conocía mágicamente sus preferencias en la cocina y en la cama. Que le gustaban las mismas canciones, los mismos libros, que hacían el mismo zapping, que planeaban sus viajes con certeza telepática.

—Ahora estoy investigando a una tetona que entró hace dos meses al departamento de prensa —me decía Pol, pero yo casi no lo escuchaba—. Una rubia hermosa: le gusta ver fotos de gente atropellada. La semana pasada me le aparecí fingiendo una muñeca fracturada y me comió con los ojos. La tengo ahí, pidiéndome por favor.

Pero yo no estaba más en el balcón. Seguía pensando en la conversación de abajo. En la pobre Cris, escuchando y quizás envidiando todas aquellas maravillas sobre las parejas ideales y los varones perfectos. La idealización del amor, los hombres que usan la camisa adentro, los hogares libres de humo, la íntima sensación de haber dado con la persona correcta… El uno para el otro, siempre. ¿Por qué le regalé a Cristina ese long play para nuestro aniversario? ¿Qué buscará ella en Google? ¿Cómo se me ocurre pensar que a una catalana le puede gustar Pappo’s Blues? No. No hay respuestas para todo. No es bueno que las haya.