
"El sufrimiento es una consecuencia de vivir en la inconsciencia, que nos lleva a querer que la realidad se adapte a nuestros deseos egoístas".
Hablábamos con una amiga acerca de las nefastas consecuencias que puede tener el no estar alerta a las jugarretas que nos puede jugar el ego, a los muros emocionales que levanta, a lo negativo que resulta para el diálogo. Y a continuación (causalidad una vez más) me encuentro con un artículo en "El País", suplemento Negocios, en el se analizan los conflictos, la "Guerra y Paz" de las organizaciones. Dice que los expertos en comportamiento organizacional señalan que la mayoría de estos rifirrafes profesionales se deben a la dificultad que supone relacionarse con otras personas en un contexto marcado por "el poder, la hipervelocidad y el cansancio". La resolución de estos "conflictos relacionales", que poco a poco envenenan el ambiente, pasa porque "cada persona aprenda a estar en paz consigo misma". Y concluyen: "Ésa es la finalidad del desarrollo personal, un proceso encaminado a conocer y comprender cómo funciona nuestro ego, la causa última de todo el sufrimiento humano".
A pesar de estar en un contexto en que se analiza un fenómeno laboral, lo referente al ego es aplicable a la vida en general.
Dice:
"La causa del conflicto entre dos personas se encuentra en que cada una de ellas es víctima de su percepción subjetiva de la realidad, la cual, en el momento del choque, dan por objetiva. Esta subjetividad aparece cuando estamos identificados con nuestro ego, esto es, la personalidad que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestra infancia y que nos hace reaccionar de forma automática para protegernos y defendernos de los acontecimientos externos".
"En momentos de mucho estrés este mecanismo de supervivencia, que cuenta con sus propios patrones de conducta, nos hace caer en el egoísmo y el egocentrismo, que tanto malestar nos causa a nosotros mismos y a las personas que nos rodean. Así, el sufrimiento es una consecuencia de vivir bajo la tiranía de la ignorancia y la inconsciencia, que nos llevan a querer que la realidad se adapte a nuestros deseos egoístas".
"Cuanto mayor es nuestro ego, menor es nuestra capacidad de aceptar lo que no depende de nosotros y mayor es nuestro sufrimiento. Por ello, es importante intentar comprender y aceptar al otro, en vez de querer siempre que nos comprendan y acepten a nosotros primero. La dificultad estriba en que nuestro ego quiere tener siempre la razón, por mucho que este objetivo nos haga perder la paz interior".
"Conocer y comprender cómo reacciona nuestro ego frente a las adversidades del día a día es uno de los objetivos del desarrollo personal, un proceso encaminado a trascender nuestra personalidad para llegar a ser realmente lo que somos. La paz interior que todos anhelamos es imposible encontrarla fuera de nosotros mismos. Es una conquista que sólo depende de nuestra actitud y que se tiene que ganar cada día".
"Sin embargo, la mayoría prefiere adoptar el rol de víctima, culpando a los demás de su propio malestar interior".
Como dijo el escritor ruso Lev Tolstói (1828-1910), autor de Guerra y Paz, "todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo".
¿A que si?
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