
Una amiga que acaba de estar en Buenos Aires ha traído éste libro que he estado leyendo. Una recopilación de publicidad gráfica argentina del siglo XX.
Dice el prólogo:
"Detrás de la publicidad que vemos todos los días, hay mucho más que un producto por vender. Hay una historia, que encierra muchos sucesos. Está presente lo social, lo puramente histórico, lo económico, lo político, lo tecnológico, lo comunicacional.
Pero también, cada una de estas publicidades es la puerta de entrada a la historia de la vida cotidiana individual, a la historia irrepetible que ha marcado gran parte de nuestras vivencias y que nos acompaña a cada uno. La obra propone un recorrido por ellas.
(...)
En el proceso de hacerlo nos dimos cuenta de varias cosas. Que a través de la publicidad se puede apreciar la historia de la vida cotidiana de la gente: el rol de las mujeres, el estereotipo de los hombres, el cuidado de la salud, el prestigio que da un automóvil, el confort de los electrodomésticos, la importancia de la radio y la omnipresencia de la televisión.
Pudimos ver que hubo una época en la que para vender zapatos se mostraban... zapatos; que los constantes inventos y adelantos hacían que muchas cosas necesitaran de largos párrafos para entender su función. Y que con el tiempo esas explicaciones fueron reemplazadas por los eslogans, muchos de los cuales aunque sus marcas ya no existan, aún los recordamos.
(...)
Ojalá les pase como a nosotros. Que estas publicidades sean el disparador de muchos recuerdos bondadosos, esos que se esconden en algún lugar lejano de la memoria, pero que cuando aparecen son tan fuertes y reales que llegan hasta el centro mismo del corazón."
Pero bueno, dejemos a un lado toda esta pseudo-teoría, todo este blablabla.
He leído, estudiado, visto, coleccionado muchos libros recopilatorios de publicidad de muchos países. Pero con este me ha pasado que, al incluir anuncios de hasta principios de los '80 he reconocido y recordado algunos de mi infancia y adolescencia. Eso sucede con las recopilaciones a medida que uno se va haciendo mayor. O sea, ya no era un tema de interés semi-profesional como siempre lo fue, sino que, a partir de cierto año/página se transformó en algo totalmente personal.
¿Y qué sucedió? Pues que por un lado, me confirmó el enorme peso emocional que tiene la publicidad en nuestras vidas, algo obvio para mi que soy publicitario, pero no sólo por lo que provoca un anuncio per sé sino por lo que dispara al recordarlo, evocarlo. Como también dice el prólogo, "... poco a poco nos fue envolviendo la emoción de reencontrarnos con ciertas cosas que por no verlas diariamente las creíamos olvidadas, como cuando de repente emerge de la memoria una vieja y querida canción".
Por otro lado, lo importante ( al menos para mi): no se si ese tipo de recuerdos me gustó mucho.
Es obvio que no todo tiempo pasado fue mejor.