Salgo de la casa de mis hijos, en plena sierra madrileña, de prisa para no perder el autobús que me llevaría a Madrid.
Giro la esquina y, ooops, el autobús en la parada.
Último del día.
Voy corriendo, pero... el autobús se pone en marcha.
Ya, voy listo, cuando un autobús sale, ya no para. ¿Y ahora que hago?
Sorpresa, cuando llega a mi lado, frena y abre las puertas.
Subo y me encuentro con una conductora, 20 y algos, francamente guapa, que me dice:
"Caballero, lo que acabo de hacer por usted es ilegal".
Hace años que nadie me decía algo tan bonito.
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