domingo, agosto 30, 2009

When I Grow Up I Wanna Work in Advertising

Corto Maltés, lo acabo de recordar gracias a un post... frente a mi casa

El momento culminante, en la estación Borges, es frente a la casa en la que me crié.
Uffff....

TRAS LOS PASOS DE CORTO MALTES
Publicado en Página/12, Buenos Aires, Argentina

Corto Maltés es un hombre del siglo. No sólo atravesó lugares, sino también leyendas, y se cruzó en su ruta con personajes reales y situaciones históricas. En este fin de siglo, seguir los pasos de Corto es seguir un camino a medias entre los sueños y lugares de nuestro mundo.

Por Graciela Cutuli

El día de la muerte de Hugo Pratt, muchos pensaron en el gentleman viajero que había quedado huérfano. Pero en realidad, aunque sus aventuras ya no tengan nuevos dibujos, Corto Maltés adquirió la fuerza suficiente como para seguir viviendo solo, y al margen de sus historias de papel sigue recorriendo nuevos caminos en los sueños de sus lectores, sueños que llegan a lugares nostálgicamente traspasados de magia, poesía, historia y viajes.

La isla donde todo empieza
Todo empieza en Malta, una pequeña isla del Mediterráneo. Claro que la identidad de la isla, como la de Corto, es muy difícil de trazar a grandes rasgos. No es una casualidad que el veneciano Pratt haya preferido esta isla a su propia ciudad: para un personaje tan complejo, la compleja historia maltesa parecía hecha a medida.
En el transcurso de su larga historia, Malta fue posesión de Cartago, Roma y Bizancio antes de ser ocupada por los árabes y los normandos. Más tarde cae en manos de Carlos V, que la entregará a la orden de San Juan (contra el pago anual de un halcón). En la isla todavía sobreviven numerosas leyendas sobre tesoros escondidos que estos mismos caballeros habrían llevado desde Tierra Santa y Oriente. En estos últimos siglos, Malta vio el paso de Napoleón y la llegada de los ingleses, antes de su independencia en 1962.
Jamás se supo bien si Corto hablaba el maltés, el idioma de la isla, muy parecido al árabe, o el italiano, idioma de su creador, muy utilizado junto con el inglés en todo el archipiélago. Según uno de sus biógrafos, el francés Michel Pierre, Corto también hablaba español (idioma de su madre), hebreo y árabe (que le fue enseñado por su tutor en una escuela judía de La Valletta). Lo que sí se sabe con claridad es que nació en Malta un 10 de julio de 1887. Sus progenitores son tan dispares como las culturas que veneraba Pratt: la madre de Corto era una gitana del barrio de Triana en Sevilla, y su padre, marinero como él, de Cornualles, en el sudoeste de Inglaterra.
Hoy día el puerto de La Valletta, la capital de Malta, sigue siendo igualmente cosmopolita. En las calles se escucha el maltés, el árabe, el italiano y el inglés. Se cruzan turistas de todo el mundo, y marineros de todo el Mediterráneo. La ciudad vieja hace pensar en una encrucijada entre Sicilia y el norte de Africa, y así como en Italia, el turista se tropieza con ruinas antiguas en todo el archipiélago (en realidad, la República de Malta está formada por tres islas: Malta, Gozo y Comino). También quedan huellas de la orden de los religiosos militares de San Juan en las fortalezas de la isla, que a pesar de los bombardeos de la última guerra conservó mucho de su historia a medio camino entre Europa y Oriente.

En los mares del sur
En realidad, Corto Maltés apareció por primera vez muy lejos de aquí, en los antípodas de su isla natal: los aficionados recordarán que su primera aparición fue en “La balada del mar salado”. Era, en el calendario oficial de Corto, el 1 de noviembre de 1913, a lo largo de las costas de las Islas Salomón, en el Océano Pacífico. Lo salvó su amigo-enemigo de siempre, el curioso Rasputín. En aquella época tal vez ni el mismo Pratt, que ya era un autor bien conocido, podía imaginar la fuerza y vida que cobraría Corto Maltés. Gracias a él el dibujante italiano se convirtió en uno de los más grandes maestros de la historieta, a la que le dio categoría de género literario. La “Balada” se publicó por primera vez en 1967 en el mensuario Sargento Kirk, publicado en Génova. El año en que Corto aparece atado a su balsa, 1913, el Pacífico Sur no era un lugar tranquilo. Las luchas entre las potencias europeas para repartirse islas y territorios marítimos estaban a la orden del día. Las Islas Salomón pertenecían entonces a Alemania. Hoy el tiempo de las guerras coloniales ya pasó, pero es muy probable que en las Islas Salomón, en la Isla Escondida (desde donde opera el Monje, el jefe de los piratas) o en el Archipiélago Bismarck, poco haya cambiado desde aquellos años. Estas islas hoy forman parte de Papúa Nueva Guinea, donde siguen viviendo tribus como en la Edad de Piedra. Estos lugares son algunas de las tierras menos conocidas del planeta, de acceso bastante difícil: una de las pocas maneras de llegar es por avión desde Australia, para conocer las bellas aves del paraíso y los canguros que viven aquí, rodeados de abundantes yacimientos de oro y cobre. En una de las islas se pueden ver todavía huellas de la batalla que enfrentó a japoneses contra australianos y norteamericanos durante la Segunda Guerra.

Corto en América del Sur
El mismo año de “La balada del mar salado”, Corto Maltés estuvo en Brasil. Pratt, que vivió mucho tiempo en Argentina, pasó también una corta temporada en el país vecino, donde contribuyó a la fundación de la Escuela Panamericana de Arte, pero la mayor parte de las referencias sudamericanas en las aventuras de Corto se refieren a Buenos Aires. Aunque en realidad, cuando nace Corto Maltés Pratt ya no vive en Argentina, donde quedaron los personajes que creó para la revista As de Pique, como el Sargento Kirk, Ernie Pike y Ticonderoga.
Corto llegó a Argentina por primera vez en 1906. Todavía no había aparecido en la “Balada”. Esta parte de su vida se conoce gracias a los libros que Pratt publicó con “biógrafos” de Corto durante su permanencia en Francia: volviendo de Corea, Corto llegó por accidente a las costas de Valparaíso, pero dejó de inmediato Chile para radicarse en Argentina. Durante esta primera estadía en nuestro país conocerá a un tal George Leroy Parker, conocido como Butch Cassidy (hay una referencia a este episodio de su vida no dibujada en “Y todo a media luz”). En 1906, Corto se instala en un hotel de la Boca, hasta responder nuevamente al llamado de las olas, en 1908. Desde entonces y hasta 1913 se le pierde el rastro, pero sin duda el gentleman marinero anduvo navegando entre el Mediterráneo, los puertos de América del Sur y el Pacífico, donde aparece la famosa escena de la balsa.
La Buenos Aires de Corto es anterior a la de Hugo Pratt, que llega aquí en 1950. Es una Buenos Aires de contrastes en blanco y negro, de faroles que iluminan débilmente un círculo de empedrado, una ciudad de casas bajas por donde todavía circulan los tranvías y los autos que transitan por Cabildo tienen un aire inconfundible a principios de siglo. En realidad la mayor parte de “Y todo a media luz” se desarrolla en las afueras de Buenos Aires, en esa zona de “encrucijadas oscuras, que lancean cuatro infinitas distancias en arrabales de silencio”, como decía Borges. Aunque la historia empieza en casa de la “Parda Flores”, supuestamente en 25 de Mayo y Viamonte, y logra uno de sus puntos culminantes precisamente en la Estación Borges, cuando Corto divisa por segunda vez dos lunas en cuarto creciente. La aventura porteña de nuestro personaje termina “la noche del 20 al 21 de junio, cuando se vieron dos lunas menguantes sobre el Río de la Plata. Un hecho curioso. Todo el mundo sabe que se pueden ver dos lunas crecientes la noche del 13 de junio... Lo cierto es que aquel año se pudieron ver numerosas lunas”.

Entre Capricornio y Cáncer
A lo largo de los varios volúmenes de su saga, el lector se entera de que Corto conoció todo un abanico de personajes reales y hasta de historieta (Tintin), como en un atrapante juego de detectives. En el álbum “Corto, siempre más lejos”, se dice que nuestro personaje se encontró con Jack London: fue durante el primer gran viaje que habría hecho Corto, en 1904, cuando tenía un poco más de 15 años. Ese viaje lo llevó hasta Corea, que en ese momento era un campo de batalla entre Rusia y Japón. London, a su vez, era corresponsal de guerra para un diario estadounidense. Al año siguiente, Corto se embarca de nuevo, esta vez rumbo a Africa, y a bordo del barco se cruza con un personaje curioso que ya no lo abandonará: Rasputín.
Con el álbum “Los Etiópicos”, Corto dejará por un tiempo Sudamérica para ir a uno de los lugares predilectos de Pratt, Etiopía y Somalia, que el dibujante conocía bien por haber vivido allí parte de su adolescencia. En las arenas del este del Sahara, la presencia de Corto volverá a desenvolver su cuota de magia y poesía, topándose con los paisajes de otras obras de Pratt, como “En un cielo lejano”, una de sus últimas historietas, que cuenta un episodio de las guerras anglo-italianas. Un poco más al este, el enclave de Djibouti es un resumen de Abisinia, Etiopía y Oriente. En este puerto frente al Mar Rojo conviven más o menos armoniosamente los afars y los isaas, dos de las principales etnias locales, con los soldados de la legión extranjera francesa. Otrora lugar estratégico en el rompecabezas que formaban los imperios coloniales francés e inglés, Djibouti es un lugar de transición que hoy ha cambiado poco: las caravanas de camellos siguen llegando al centro de la ciudad, y los celulares no tapan los llamados de los muezzlines para las plegarias. Y si Djibouti es de fácil acceso para los marineros que amarran aquí antes de remontar el Mar Rojo, necesita múltiples combinaciones aéreas para los turistas aventureros. Es el precio que hay que pagar para apreciar uno de los lugares más exóticos del mundo, entre el Africa negra y Oriente.

Herencia celta
En 1917 y 1918, la guerra destroza Europa. Es justamente el momento que elige Corto para volver al Viejo Continente desde América Latina. Desembarcará así en Venecia, para vivir nuevas aventuras entre Irlanda, Inglaterra y Francia. En “Los Célticos”, Corto asume otra herencia: la de una tía paterna, bruja en la Isla de Man. Elfos y duendes de todo tipo se cruzan en su camino, como lo cruzan también guerrilleros del Sinn Feinn irlandés, o soldados de las partes beligerantes en la Primera Guerra. En las brumas del norte, Corto abandona por un tiempo la exuberante magia latina por la rica y densa mitología de los cuentos célticos. Quienes quieran seguir estas huellas pueden visitar un lugar donde aún hoy se palpa más que en otros lugares la magia celta: es un gran bosque en la Bretaña francesa, a medio camino entre la Mancha y el Atlántico. Los mapas la señalan como Forêt de Paimpont, por el nombre del pueblo que encierra, pero los lugareños la conocen como Forêt de Brocéliande. De la gran foresta que cubría Bretaña y donde se desarrolló el ciclo de los Caballeros de la Tabla Redonda, no quedan más que las 7.000 hectáreas del bosque de Paimpont, lugar de culto de los turistas que la visitan en busca de la famosa fuente donde se encontraron Merlín y Viviana. En este lugar, desde hace pocos años algunos druidas modernos intentan hacer revivir las viejas religiones celtas: un esfuerzo que seguramente a Corto no le hubiera disgustado.
En “Corte Sconta detta Arcana” y “Los Helvéticos”, Corto vive nuevas aventuras en otros lugares clave de la historia de Pratt. Venecia es la ciudad donde pasó largas épocas de su vida, y sobre todo sus diez primeros años. Dice el narrador en el primero de estos álbumes: AHay en Venecia tres lugares mágicos y escondidos. Uno en la calle del Amor de los Amigos; otro cerca del puente de las Maravillas; y un tercero en la calle de los Marranos, cerca de San Geremia, en el Viejo Ghetto. Cuando los venecianos están cansados de las autoridades constituidas, van a estos tres lugares secretos abriendo las puertas que están en el fondo de aquellos patios. Se van para siempre, a lugares hermosísimos y a otras historias@... Después de haber visto estos sitios mágicos, se puede pasar por la casa que Pratt alquiló entre 1970 y 1994 en Malamocco, al sudoeste del Lido. Aunque no hay indicaciones, los lugareños se la pueden mostrar a los cultores de Corto, que no dejan de visitar Venecia sin pasar por este tranquilo pueblo.
Finalmente, en Suiza Corto se encuentra con muchas leyendas de los valles alpinos. Sobre todo, navegará sobre un país sin salida al mar. Lo que es curioso para un país europeo, y más aún para un marinero. Tal vez ya sabía Pratt que Corto estaba la tierra que le daría el último refugio. El padre del marinero errante vivió en Grandvaux y murió a 8 kilómetros de allí, en Lausana, el 20 de agosto de 1995. Muchas historias tienen los discretos suizos sobre el habitante más ilustre de su pueblo. Se dice que en su casa instaló él mismo la enorme biblioteca, con más de 30.000 volúmenes clasificados por tema. Temas que a veces, como en el caso de América del Norte y Mitos Hebreos, necesitan piezas enteras...
Este viaje de dibujos y papel puede terminar en la realidad frente a la tumba que lleva el nombre de Hugo Pratt, en el pequeño cementerio de Grandvaux. Aunque quedan muchos lugares para recorrer tras las huellas de Corto. Concretos, como Samarcanda, Siberia y el Caribe. Y legendarios, como la Atlántida, que también recibió la “visita” de nuestro célebre marinero.


Corto en Argentina
- Pratt vivió primero en Acassuso, a partir de 1949, antes de instalarse en la pensión Van Der None, en la calle Italia. Deja Argentina en 1962, pero vuelve algunas veces entre 1964 y 1966. En 1979 volverá a una Argentina radicalmente cambiada por la dictadura, que hizo desaparecer a su amigo Oesterheld. En 1985 y 1986 regresa otras veces a Buenos Aires y la Patagonia.
- “Y todo a media luz” es un álbum enteramente dedicado a las aventuras de Corto Maltes en Buenos Aires. Según Pratt, cada año, en la noche del 13 de junio, a medio camino entre las estaciones de Martínez y San Isidro se puede ver dos lunas en el cielo.
- Corto no fue el único personaje de Pratt que llegó a la Argentina. En “Gaucho”, con guión de Pratt y dibujos de Manara, se cuentan las aventuras de marineros ingleses y prostitutas irlandesas durante las Invasiones Inglesas.
-Por su parte, Milo Manara publicó varias historietas en las cuales se hace referencia al enigmático personaje de HP, una clara alusión a Hugo Pratt.